a J.

 

Perdido el valor de las palabras en el tiempo

enredada en silencios trenzados de ansia

sueño hablarle en su pecho con dedos de agua

fundir los surcos de nieve en el mapa de esperas

abrazarme al latido de las miradas ciegas.

 

Busco hilos de cobre en sábanas prendidas de frío

su eco céfiro en noches descosidas de amor

estalla el camino enhebrado en las estaciones 

ruedan cuentas azules de su espuma en mi costa.

 

Una sinfonía grave alienta el aire de camomila 

desoigo la cuita maullando calor en otras ventanas

hay un alud sobre un columpio tallado en piedra

acuna olas de besos y pájaros en lenguas muertas

suplica hundirme en el fondo de sus ojos océano. 

                                                                      
                                                                        
 

 

Ruido

 

Violentaba mis notas con el tamborileo disonante de sus dedos. 
No lo hacía a propósito, aun así, tuve que matarle.
El silencio es el útero de la música.

 
(Foto: Hans)
 
 
 

 
 
 

 

Laureles para "Empírico"

 Un personaje, una localización, la búsqueda de una respuesta vital en cuatro minutos buenos, bonitos y baratos, qué más se puede pedir. Ah, sí, ¿lo produces?




Crisis de verosimilitud y ríos de leche

 
En el tramo que abarca la vista, qué hace del río un río, el agua o la corriente, porque sin corriente un río es más bien una lengua muerta de agua, y voy a sentirme decepcionada, incluso estafada, en caso de que alguien me venda como río un estancamiento. Pero si en lugar de agua discurre leche, sabré que me encuentro ante un río de leche si percibo movimiento (ojalá salmoncitos rosados a contracorriente).
 
A lo mejor meto un dedo para asegurarme de que no es pintura, busco en Google camiones volcados de Pascual o catástrofes en vaquerías de la zona que me proporcionen una explicación racional a algo nunca visto, pero no cuestionaré lo que estoy viendo por más increible que parezca, pues me va en ello la cordura.
 
Y si me plantan el río de leche en un universo de ficción, seguiré creyendo en él siempre que advierta la corriente a través de los elementos que lo acompañan, da igual lo locos que sean, y los parámetros que rigen no sobrepasen mi capacidad de comprensión, da igual lo insensatos que sean.
 
Hoy estoy convencida de que la verosimilitud es energía cinética.

 

 

Miss Antropía

 

Me molesta la gente tibia, la cerebral, la que hace polvo y ceniza de la espontaneidad y domestica la ilusión. La falta de pasión, las pasiones de imitación, las personas que dejan el alma plegada en el armario antes de beber agua. Las que no saben comer con las manos. Me molesta el ego de los artistas, de los intelectuales y el mordisco miserable de quienes creen ser y no. La gente que se ducha entre orgasmo y orgasmo. La que da para recibir porque sin entradas, desaparece. La envuelta en banderas de diversas causas para ser visible en el supermercado. Las personas deshonestas, las estafadoras que roban palabras y venden frases. Me crispa la gente moralista y su moralina, la charlatana, la predicadora de luz negra, la maestra del éxito y la felicidad cobrada por adelantado. Me soliviantan las personas quejicas, lloronas, tristes, los discos rayados de enfermedades comunes. Las pesadas, las que se ofenden cuando no interesan. Me molesta muchísima gente, a veces, incluso yo misma.
 

 

Mi solidaridad con Tippi Hedren

 

Cuando ayer me despertó una sensación de extraña presencia y abrí los ojos al peso liviano de allegado muerto que espera sentado a los pies de la cama servir de guía en la ultratumba, encontré la mirada sanguinaria de mi asesina. La misma que la tarde anterior instigaba una reyerta cuerpo a cuerpo muy cerca de mi casa. Me interpuse, evité la cruz de navajas. Pero ahora ella estaba sobre mí y clamaba venganza.

Descubrirnos desató una lucha encarnizada por la supervivencia sin espacio para rehenes. El recuerdo de zureos graves, silbidos y golpes atroces contra paredes y ventanas me persigue a cada instante, desobedece toda súplica de olvido.



Laureles bonitos para "Margaritas a los Cerdos"

 


 

Inteligencia artificial y guión audiovisual

  

En nada me convencen las inteligencias artificiales esas de las que habláis. 

Una IA como dios manda sería aquella que lee el pensamiento, lo convierte a PDF formato guión tercera versión y añade asteriscos en los puntos donde todavía hace aguas, protegiendo así la autoestima de la limitada inteligencia natural con la sensación de que ha hecho algo cuando la IA ofrezca una cuarta versión de pensamiento y su paciencia de santo Job. 

Como la Judicatura con algunas leyes contemporáneas, vaya.

 


 

Halloween

Tenía yo diecinueve años y cierta predisposición al romanticismo gótico de diván y pañuelo de encaje en la frente cuando convencí a un novio de aquella época para subir al cementerio de Torrero la Noche de Difuntos y leer en alto El Monte de las Ánimas. Necesité insistir muchísimo, no sé por qué, mi petición era de una lógica aplastante. 
 
Y allí que fuimos en su moto de gran cilindrada, él con un pack de cervezas Ámbar, yo con mi libro de Bécquer. Supo que era requisito indispensable comenzar la lectura a medianoche en la parte vieja del cementerio demasiado tarde para volver atrás. A las doce en punto empecé a leer en tono solemne, masticando cada palabra, consciente del momento único, bajo la luz mortecina de una de las escasas farolas ancladas a los nichos más antiguos. El muchacho no tardó en ponerse nervioso entre cerveza y cerveza, amenazando con dejarme allí plantada y cagándose en mi puta calavera por dejarse enredar. Un idiota insensible y superficial es lo que era. Logré calmarle con falsas promesas y retomé la lectura. Pero como si algo puede suceder, antes o después, sucede, se materializaron delante dos almas en pena más grandes que un armario, o eso creímos al borde del infarto, esta vez ambos, antes de reconocer a los policías de la UVE -unidad de vigilancia especial- que habían llegado hasta nosotros en un coche patrulla sin luces y nos pedían explicaciones en manifiesta actitud hostil. La situación era desfavorable a mi romanticismo, mas soy un perro de presa en cuanto a objetivos se refiere, así que les conté con voz quebrada y mi mejor caída de ojos que mis antepasados yacían allí enterrados y cada año, tal noche como esa, venía a leerles poesía. Creo que no se lo esperaban. 
 
Los policías se marcharon a condición de que hiciésemos lo propio una vez terminase. Leí de principio a fin El Monte de las Ánimas la Noche de Difuntos en el cementerio. El cabreo del novio, que además llevaba un pollo en el bolsillo, fue monumental y le duró bastantes días. Se le pasó, igual que pasaron otros novios, otros cabreos, otras lecturas, otros policías. Pero el hilo azul acero que me une a Alonso desde entonces me acompañará hasta los restos, o más, quién sabe.