Covid-19


Calvo, sin nariz y un poco triste, así lo imagino.

(Más o menos)



Cuento de la princesa Flores Negras



Enterrada en un ataúd tamaño niño y tonos tierra, porque es menuda y discreta, además de princesa.
 
Como allí no cabe la muerte, ni aire que la desgaste, aprieta las horas, el pelo, las uñas, el miedo, y suelta el rastrillo de las pestañas, rasgando la tapa por donde escapa, llenando el hueco con su forma abandonada dentro del vestido. En ese instante desnudo, se hace música.

Proxemia



Esta obediencia ciega, aunque necesaria, marchita a pasos de gigante mi alma de punki. Y domingo. Y tormenta. Me encuentro a dos ratas correteando por la calle de tirarme en el diván con un pañuelo de encaje en la frente. Adiós, voy a pintarme sombra azul y mirar al infinito.

EL MILAGRO DE CALANDA

 

Miguel Pellicer Blasco era un chaval de Teruel que pasaba más hambre que un perro callejero y se piró a currar a la era de un tío suyo en Castellón. Como era un poco pupas, le pasó un carro por encima de la pierna derecha y se le quedó para el arrastre. Aún se la intentaron apañar en Zaragoza, que siempre ha tenido fama de buenos médicos, pero no hubo manera. Se la amputaron por debajo de la rodilla y le enroscaron una de madera. Durante un tiempo vivió de pedir limosna en la puerta de la Basílica del Pilar hasta que se volvió de nuevo al pueblo para seguir viviendo de limosnas y de recoger estiércol. Una noche como otras, se desenroscó la pata de palo, se durmió, su madre entró un momentico a la habitación no se sabe a qué y vio que de la cama asomaban dos pies en lugar de uno. A Francisco le había crecido de nuevo y por mediación de la Virgen del Pilar el mismo cacho de pierna que le había sido amputado. 

El supuesto milagro de Calanda es recientísimo, unos quinientos años. Fechas, nombres, obispos, cirujanos, reyes... Pero este milagro lo desmonto yo en tres minutos. 

Miguel tenía siete hermanos, también está documentado. Al único que mandaron a un curro de mierda lejos de casa fue a él, deduzco que muy apañado y productivo no era. Y les vuelve igual de tonto pero con una pierna menos. No podían mandarlo a cascarla porque había practicado la mendicidad en la puerta del Pilar y tenía un cierto estatus de muerto de hambre entre la gente de bien, la que reza. Como el hambre agudiza el ingenio, a la familia se le ocurrió un plan brillante: nos llevamos a Miguel al campo, hacemos un Cain y Abel, que si está en la biblia no puede ser tan malo, y lo enterramos. Luego el Jose (hermano de nombre ficticio) baja de la litera y se mete en su cama, que son como dos gotas de agua. Al rato que entre mamá y salga gritando ¡¡¡milagro, milagro!!! Los demás hacemos como que lloramos, claro. 

No sincronizaron los relojes porque no tenían, igualmente les salió de putamadre.



CARACOL



I.- Animal filósofo amigo del cangrejo, suave, húmedo, silencioso, de cuernos inocentes y boquita de  piñón, ejemplo de independencia.

II.- Mascota primigenia, docta en el arte del escapismo.


III.- Alegoría del síndrome premenstrual.


IV.- Persona con aspecto de verdura.

 EL CIRCO


El payaso tonto tiene hambre porque el payaso listo le roba las aceitunas. Ja. Ja. Ja. Me encanta este número del Gran Circo Del Mundo en el que los glotones me comen la polla y los hambrientos también, recostado en mi butaca preferente, esperando a la muerte, bien por un ataque de risa, bien por un jaque al rey.
 
 CRÓNICA


Su sonrisa me atraviesa como un trolebús fantasma de cinco pisos, un día tras otro, hace tiempo que mis huesos son polvo, me llamo y nadie responde, no puedo contenerme, me derramo por los ojos, por la boca, por las puntas de los dedos, la quiero, hoy esta especialmente radiante, así la quiero, la quiero mía.

- ¿Te ayudo con las bolsas? Ninguna molestia. Insisto.




 Ñ


Hoy comemos de cuchara, extiende el mantel de hilo. Tú sí que hueles raro. Estoy cocinando un caldo de cultivo con algunas ideas hervidas que se iban a poner malas. Verás qué delicia de sopa de letras, te vas a chupar los dedos. ¿Prefieres alimentarte de melancolía, otra vez? Porque esto es lo único decente que te puedo ofrecer, después del desastre. Entonces, lávate las manos, deja de gruñir y pon la mesa.

Musas


La política me está jodiendo el jardín de musas. Y el crujido de quijadas rígidas elevándose al cielo con resignación, buscando el paraguas de la lluvia, no ayuda a escuchar las voces debilitadas. Por una vez que es el dedo quien allana el terreno al desierto, y tan fácil de ver la excepción en el contraste. Me sobran pozos para resistir aunque el mundo se pare, ese no es el problema, he buscado unas Martens con flores rojas bordadas y puedo cruzar veinte mares de virutas con ellas, pero cuando el acero cubra todas las rendijas, no quedarán caminos por los que regresar siquiera. Se habrán asfixiado y dará igual hacia dónde mirar, no te importarán mis mierdas y a mi tampoco las tuyas.
INFINITO

No creo en el infinito. Sí en la inmensidad. Antes, el mar parecía infinito, pero ya no. En cambio, sigue siendo inmenso. Todo termina en algún punto, hasta las cosas que se transforman, antes fueron otras que acabaron. El infinito es la esperanza. Un símbolo al que agarrarse cuando se desea eternizar el presente por miedo a un todo o nada futuro. Siento un dolor infinito. Pero no, es inmenso. La posibilidad de que aumente, lo congela en infinito unos instantes. El infinito es un comodín. Redondo, claro, como todo. A veces echo mano del comodín del infinito aun no siendo demasiado lista, pero tampoco tan tonta como para creer en dios. Cuando la ciencia encuentre la cola o la cabeza de las últimas inmensidades sin medir, dios dejará de ser un superhéroe y será tan solo una marca con fieles consumidores. Tengo una paciencia infinita. No es verdad. La paciencia inmensa se disfraza de infinita para camuflar la dificultad de decir basta. Basta. Y ya puedo medirla. "Te quiero hasta el infinito y más allá", lo dicen mucho los niños, pero dejarán de decirlo cuando hayan explorado lo suficiente. Siento un amor inmenso y a pesar de su grandeza, cabe en una minúscula gota de basta. Y aunque llueve a mares, no será suficiente. Hace un inmenso calor.