Confinamiento



Me reconfortaría verter lentamente y sin dolo un bote de cinco litros de pintura plástica amarillo cadmio por la ventana, empapar al señor gigante que espera debajo y echa a andar por mitad de la calle, ausente de la existencia como un fantasma corpóreo, dejando a su paso un reguero de bilis en la monocromía del silencio. Voy a depilarme las cejas, antes de que me cubran los ojos y le explique a un policía que soy una Schnauzer mediana paseándose a sí misma.

 


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