Lucidez en estado puro

 

De interés para cualquiera con curiosidad por la narrativa de las historias, se aparta de los procedimientos tiranos y habla, desde la cotidianidad, sobre los ingredientes y mecanismos que hacen de un relato -en el sentido más amplio- una historia interesante o un coñazo.  Algo así como evidenciar el aire que respiras y que no tienes en cuenta porque, además de invisible, siempre ha estado ahí.

 Joyita con humor incisivo y socarrón engarzado.

 


 

Conflictos y Sexo

 

Si contase la vida sexual de mi vecina de setenta años, no me creeríais. Os parecería una hipérbole jotera destinada a gracieta de primavera sin ninguna posibilidad de suspender la incredulidad de nadie, a pesar de que quizá acabe apuntalando el tabique. Para más locura, es dura de oído y yo no. Habla alto, violentamente alto, en cualquier circunstancia, a todas horas. Me tiene en vilo su nuevo juego erótico, dos, cinco, nueve, cuatro, dos otra vez, uno, siete, no consigo descifrarlo. En los dos últimos años ha tenido más novios que yo en lo que llevo de vida, y digo novios porque les llama muy temprano para gritar que les quiere mucho y hacerles la gatita. A menudo es mi despertador.

Hay más ingredientes que hacen imposible mirar hacia otro lado y dejar pasar esta historia, además del somier on fire, pero me los reservo. Mientras intentaba concentrarme sin éxito -a ver quién puede así- en otra película, pensaba en qué conflicto sería capaz de mover el desenfreno de mi ídola sin hacer del sexo un condicionante o moneda de cambio, sin convertir su deseo en una patología o una importante carencia afectiva y sin empujarla a la explotación, porque mi admirada vecina disfruta mucho y esa es la única verdad que no estoy dispuesta a traicionar. 

Mi conclusión a las 20:44 de un domingo más y sin vender una escoba, es que la connotación del sexo como centro de una historia no pornográfica siempre es negativa, y esa negatividad es la única posibilidad de conflicto verosímil en un contexto de realidad.

(En territorio Fantástico se me ocurren unos cuántos)

 

 

 

 

Manual de supervivencia

 

Una puerta se abre, otra se cierra y escupe un portazo. Oculta en los cimientos, pierde el compás de los sonidos. Vuelve a empezar, cuenta los pasos de la misma canción repetida que envuelve los síntomas de fin del mundo, derrumbándose en aparente silencio. Es entonces cuando la hija de puta se llena de aire, relaja la nuca, trepa los escombros y pasea, solitaria y tranquila, entre los restos. Comerá todo su tiempo.



 

Margaritas a los cerdos


Un fuerte alboroto en la calle interrumpe la cena de Maribel y Sofía. Desde el balcón no pueden ver qué ocurre, y plantean hipótesis muy alejadas del verdadero motivo del altercado.


Guion de cortometraje.
Género: comedia dramática.
Duración: 9 minutos.


¡Seguimos!




¿What if... los burros volasen?


¿Puedes...



... escribir con este calor?

... or...
... or...
... or...

¿Y pensar?

... ar...
... ar...
... ar...

¿Eh?

Na´.

Ah.

Será mejor que prescindamos de esta escena.




Día Friki del Libro.


No tengo reloj de pulsera. Llevar el tiempo anudado en la muñeca siempre me ha parecido el equivalente al collar de un perro. Te lo puedes quitar en casa, te lo puedes quitar en el campo, pero mucho cuidado con pasearte sin él por la cotidianidad conciudadana, si no quieres asomarte al abismo de la exclusión social. Yo evito la cama de cartones y el vino en tetrabrik echando de vez en cuando un ojo a la hora del móvil. Las desheredadas también tenemos nuestras contradicciones. Bien, pues como si no fuera ya bastante complicado sincronizar mis momentos con el resto de la humanidad, esta, sin un mínimo de consideración hacia mi esfuerzo, ni tan siquiera preguntar, va y me cambia de sitio los días mundiales de las cosas. Resulta que hoy, veintitres de julio del año coronavirus, es el Día del Libro. Flipa.

Afortunadamente, los disgustos se me pasan pronto; como no sé con exactitud cuando acabará el día, prefiero aprovecharlo para no quedarme a medias e ir al grano: querida carmelita Lucía, imagino que a estas alturas de la vida ya estarás retozando con tu amado por las nubes y recuperando el tiempo perdido, así que te importará un pimiento lo que vaya a decirte. Aun con todo, me gustaría darte las gracias por haberme enseñado a reconocer las letras y después las palabras. Sé que no fue sencillo, sigo despistándome con la misma facilidad, o más. Y ahora, tápate las cuencas donde antaño tuviste ojos. Se aprende a leer cuando un torbellino de significados te arrastra desnuda hasta el fondo, olvidando el vestido y las maneras en la superficie de las formas, y encontrar esas aguas es una parte muy importante del proceso. Te hubiese escuchado con más atención si me hubieras revelado el misterio de los signos. Mi sincero y sentido homenaje hoy a la publicación que me enseñó a bucear El Caso. 

Una monja y El Caso, qué cosas. 

De aquellos barros...


Reyes y reinas


No soy una erúdita en temas regios salvo en lo que a príncipes sapo se refiere, así que mi percepción sobre la monarquía, basada en una cultura obligatoria de aula tradicional, más genérica que general, y un puñadito de libros y películas, ya por capricho, se sustenta en una definición escueta y una clasificación binaria, a saber.

Los reyes y reinas, sobre todo los reyes, son personas que únicamente responden ante Dios, creador, dueño y señor de lo visible y lo invisible, ejerciendo como sus testaferros y administradores a lo largo de toda la vida, pudiendo disponer de estos bienes según su criterio, incluido el uso y disfrute personal en régimen de barra libre. Los cargos de rey y reina son hereditarios y existen dos tipologías, atendiendo a su relación con los súbditos:
  • Reyes condescendientes que lanzan monedillas a sus bufones para que les bailen el agua, y ponen el vino en la fiesta de la cosecha que celebran sus campesinos después de sembrar y recolectar los frutos de sus tierras, las de Dios, pero para el caso.
  • Reyes dueños del convento, que para lo que les queda se cagan dentro, habitualmente afables, que tutean y saludan al populacho con una mano, mientras con la otra le roban la cartera cuando va a pagarles el alquiler.
Quizá sea producto de mi lógica y previsible ignorancia de súbdita, pero tengo la sensación de que los reyes solo saben hacer cosas lógicas y previsibles de reyes, y creo que la mejor forma de tratar con ellos es dándoles patarile.






Margaritas


Cuando la situación es tensa y aparecen los nervios, o haces o te deshaces. Quedarte quieta es imposible si no eres yogui y te anudas a ti misma mientras el mundo se derrumba. Lo descubrí hace años, cuando mi hermana pequeña me mordió la nariz como un perro de presa porque escuchó el timbre y creyó que Papá Noel le pillaría despierta. Estaba en mis brazos y mi nariz era la salida más cercana al tsunami de miedo que le iba a ahogar. Aumentan de nuevo los casos de Covid-19. Aun sabiéndose que podía pasar, está pasando. Bastaba con trasladar un tiempo el encierro entre cuatro paredes a una de esas enormes pelotas transparentes, y rodar. Si una, a veces, es mucho, dos quizá sea demasiado, pero ya lo tenemos encima y habrá que buscar salidas que no impliquen ir por la vida arrancando trozos de carne. Empiezo un nuevo guion de cortometraje, sin abandonar el largo. Mi reto extrapolable es compatibilizar universos por construir. Esa es mi vía, la que se puede contar, al menos. Soy así de civilizada.