XII Jornadas profesionales "Guionistas Y Mercado Audiovisual"



Tendemos a creer que diosito Google vomita toda la información que necesitamos con solo menearlo un poco, pero no es así; cuando la oferta es excesiva, los demandantes manejan sus datos de forma muy restringida. Por eso estas jornadas, organizadas por Abcguionistas en colaboración con el Instituto del Cine de Madrid y moderadas por Valentín Fernandez Tubau, han sido extraordinarias.

Productores/as, abogados, guionistas, showrunners, analistas de proyectos, directores/as, dramaturgas, asesores/as de guion, se han explayado a lo largo de casi veinte horas de ponencias sobre la situación actual del mercado, tendencias, formatos, aspectos legales y económicos, mercado versus pandemia, y dónde, cómo, cuándo y qué hacer con nuestros proyectos. Eso sí, las ganas, el talento y el trabajo los tienes que poner tú. Solo faltaron cervezas y abrazos, maldito Covid.

No olvidéis la mascarilla y el lavado de manos.

Se puede acceder a las jornadas en diferido AQUÍ. Lo valen, doy fe.






Prioridades



Desastres apocalipticos, distopías, espíritus, híbridos, seres infernales, antropomorfismo, poderes mágicos, Doppelgänger, muertos vivientes... estoy tan convencida de que la Iglesia es la precursora del género Fantástico y la Ciencia-Ficción, que me atrevería a defenderlo en una tesis con acento maño. Pero centrémonos en lo importante:


Era A.C.



Las señales acústicas de los servicios de emergencias me desconciertan. Antaño, en la era A.C. (Antes del Coronavirus), cuando escuchaba una sirena sabía que algo grave había ocurrido o estaba a punto de suceder, normalmente lo primero, no nos engañemos, que después de la guerra todos son generales. Pero ahora desconozco si el problema es que están reventando a alguien, tomando vermut en la azotea, quemándose una casa, comprando de tres en tres, allanando una morada, sufriendo un atentado, homenajeando o felicitando un cumpleaños. Si usáis el método Pavlov para que masque la tragedia a golpe de sirena, por favor, no me cambiéis los códigos de un día para otro, pues me debato entre aplaudir, ponerme a salvo o merendar a la sombra de un estrés postraumático. Además, duermo muy mal porque no siento velados mis sueños. Que estáis los custodios del sistema muy anarquistas y mucho anarquistas. Malditos personajes secundarios rebelándose.


¿Soy yo, o está la cosa muy loca?



Hasta ahora, la humanidad parecía seguir la escaleta integral con exasperante meticulosidad, conduciendo la trama hacia un previsible, desastroso y apocalíptico final. Pero, últimamente, tengo la sensación, y estoy bastante fascinada con la idea, de que algunos personajes se están rebelando a las estructuras. A partir de ahí, cualquier cosa puede ocurrir, no solo lo improbable, también lo imposible. La verosimilitud ya no es condición necesaria. 

Tengo faenas empezadas y un poco de TDAH, así que cedo la idea: los personajes secundarios del guion de una superproducción gringa se rebelan contra la escaleta que los asfixia en vidas estereotipadas y deciden construir su propio destino. El protagonista, machirulo poderoso y Dios del cliché que representa al guionista, ya lo siento, trata de impedirlo. Los secundarios no dudan en aliarse y cruzar la cuarta pared buscando ayuda para lograr su objetivo.

Fluyamos, hermanas.


Confinamiento



Me reconfortaría verter lentamente y sin dolo un bote de cinco litros de pintura plástica amarillo cadmio por la ventana, empapar al señor gigante que espera debajo y echa a andar por mitad de la calle, ausente de la existencia como un fantasma corpóreo, dejando a su paso un reguero de bilis en la monocromía del silencio. Voy a depilarme las cejas, antes de que me cubran los ojos y le explique a un policía que soy una Schnauzer mediana paseándose a sí misma.

 


Pachamama



Iba a escribir sobre lo tontacas que me parecen las teorías de venganza de la Pacha Mama, sobre el murciélago que hinca el diente en un sistema dinámico complejo, determinista, lineal y previsible como nuestro reflejo, y desata las trayectorias de un péndulo que sólo el orden del caos comprende, sobre lo fascinante que en el fondo me resulta este brutal choque de sistemas, sobre la inquietud que me produce la posibilidad de que seamos tan soberbios como para creer que podemos preveer el futuro vigilando cada aleteo de cada mariposa, pero hay dos pajarracos gordos y negros comiéndose a otro más pequeño encima de la antena, y no me lo quiero perder.



Covid-19


Calvo, sin nariz y un poco triste, así lo imagino.

(Más o menos)



Cuento de la princesa Flores Negras



Enterrada en un ataúd tamaño niño y tonos tierra, porque es menuda y discreta, además de princesa.
 
Como allí no cabe la muerte, ni aire que la desgaste, aprieta las horas, el pelo, las uñas, el miedo, y suelta el rastrillo de las pestañas, rasgando la tapa por donde escapa, llenando el hueco con su forma abandonada dentro del vestido. En ese instante desnudo, se hace música.

Proxemia



Esta obediencia ciega, aunque necesaria, marchita a pasos de gigante mi alma de punki. Y domingo. Y tormenta. Me encuentro a dos ratas correteando por la calle de tirarme en el diván con un pañuelo de encaje en la frente. Adiós, voy a pintarme sombra azul y mirar al infinito.

EL MILAGRO DE CALANDA

 

Miguel Pellicer Blasco era un chaval de Teruel que pasaba más hambre que un perro callejero y se piró a currar a la era de un tío suyo en Castellón. Como era un poco pupas, le pasó un carro por encima de la pierna derecha y se le quedó para el arrastre. Aún se la intentaron apañar en Zaragoza, que siempre ha tenido fama de buenos médicos, pero no hubo manera. Se la amputaron por debajo de la rodilla y le enroscaron una de madera. Durante un tiempo vivió de pedir limosna en la puerta de la Basílica del Pilar hasta que se volvió de nuevo al pueblo para seguir viviendo de limosnas y de recoger estiércol. Una noche como otras, se desenroscó la pata de palo, se durmió, su madre entró un momentico a la habitación no se sabe a qué y vio que de la cama asomaban dos pies en lugar de uno. A Francisco le había crecido de nuevo y por mediación de la Virgen del Pilar el mismo cacho de pierna que le había sido amputado. 

El supuesto milagro de Calanda es recientísimo, unos quinientos años. Fechas, nombres, obispos, cirujanos, reyes... Pero este milagro lo desmonto yo en tres minutos. 

Miguel tenía siete hermanos, también está documentado. Al único que mandaron a un curro de mierda lejos de casa fue a él, deduzco que muy apañado y productivo no era. Y les vuelve igual de tonto pero con una pierna menos. No podían mandarlo a cascarla porque había practicado la mendicidad en la puerta del Pilar y tenía un cierto estatus de muerto de hambre entre la gente de bien, la que reza. Como el hambre agudiza el ingenio, a la familia se le ocurrió un plan brillante: nos llevamos a Miguel al campo, hacemos un Cain y Abel, que si está en la biblia no puede ser tan malo, y lo enterramos. Luego el Jose (hermano de nombre ficticio) baja de la litera y se mete en su cama, que son como dos gotas de agua. Al rato que entre mamá y salga gritando ¡¡¡milagro, milagro!!! Los demás hacemos como que lloramos, claro. 

No sincronizaron los relojes porque no tenían, igualmente les salió de putamadre.